Inicio del cine en Ecuador
En 1870 el científico alemán Teodoro Wolf es contratado comoprofesor en Quito. Entre los materiales didácticos que usa para sus conferencias se encuentra una linterna mágica y cinco mil transparencias sobre la geografía y la geología de algunas ciudades de Europa. Esta es la primera experiencia que tiene un grupo selecto de estudiosos con un aparato de proyección óptica. Treinta años después las imágenes en movimiento llegan al país en calidad de espectáculo multitudinario. La primera exhibición pública se realiza 7 de agosto de 1901 en la carpa ecuestre del mexicano Julio Quiroz, ubicada en Guayaquil. Consiste en la proyección de treinta películas cortas o “vistas” filmadas con el aparato de Edison. El programa está conformado por representaciones de distintos pasajes bíblicos y algunos fragmentos documentales, conocidos como “actualidades”. Tres años más tarde, el italiano Piccione, uno de los tantos empresarios itinerantes que viajan por América Latina, llega a Quito. El 24 de octubre de 1903 en el Teatro Olmedo presenta La gran corrida de toros, protagonizada en Madrid por el célebre torero Luis Mazzantini. Con estos precedentes, el 22 y 23 de junio de 1906, Carlo Valenti exhibe tres películas filmadas en el puerto principal: Amago de un incendio, Ejercicios del cuerpo de bomberos y La procesión del Corpus en Guayaquil. Estos filmes obtenidos con el cinematógrafo de los Lumière, son los primeros registros fílmicos realizados en Ecuador. En los meses siguientes Valenti repite la misma experiencia en Quito y realiza Conservatorio Nacional de Música y Las festividades patrias del 10 de agosto.
Todos estos acercamientos a la industria cinematográfica mundial se consolidan en
1924, cuando inicia la historia del cine ecuatoriano como tal, con el estreno de El Tesoro
de Atahualpa de Augusto San Miguel, siendo la primera obra argumental que se realizó
en el país. La misma fue estrenada el 7 de Agosto de 1924 en los teatros Colón y Edén
de Guayaquil.
El Tesoro de Atahualpa, protagonizado por Evelina Macías, la primera actriz del país,
relataba la historia de un médico, interpretado por San Miguel, que recibe mapas sobre
la ubicación del tesoro del inca como gesto de agradecimiento de un indígena al que
había atendido.
Pese a que no existe ningún registro de esta, ni de las siguientes piezas de San Miguel,
la investigadora Wilma Granda ha sugerido que posiblemente se trataría de un Western
dada la estructura del film, en la que se presentan conflictos y elementos característicos
de este género que ya era popular entre los espectadores mundiales.
En El tesoro de Atahualpa, el cowboy García (Augusto San Miguel), junto a otros
conflictos típicos del western como las peleas a puñetazo limpio, pistolas, duelos,
imágenes del tren, mujer raptada, indio en desgracia o burlado, intentaría otra
similar oposición que podría ser seguramente posible en la época: ciudadanos
urbanos contra indios inmigrantes, chullitas contra bandidos, extranjeros contra
nacionales expresado maniqueamente, pero también bajo una mirada
redentorista que acaricia un regreso al olor de la tierra o a las raíces indígenas
que, en los años cuarenta, se consolida como un planteamiento de la
institucionalidad cultural.

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